miércoles, 12 de diciembre de 2012

Ya no hay vuelta atras


YA NO HAY VUELTA ATRÁS

Las crecientes desigualdades hacen alejar objetivamente toda idea de ese mito capitalista del “café para todos”. Tengo la esperanza de un despertar colectivo cuando además del “café” falte el pan y los enfermos se mueran por falta de medicinas o por no poder pagar los hospitales. El despertar es ya¡
NO HAY  VUELTA ATRÁS
Los cantamañanas están de moda en los gobiernos europeos sacudidos por la estafa y el golpe de estado de los banqueros contra las democracias. No pasa día sin que se cuente a los pueblos maltratados del sur de Europa que en uno o dos años “comenzarán” a salir de lo que llaman “la crisis”. Naturalmente, todos los cuentistas mienten, y los del Club Marca España los que más. Mienten, entre otras razones, porque están asustados. Le han cogido miedo a tanta manifestación. Ellos, que venían tan ufanos a intentar vivir a cuenta de la “herencia recibida” del gobierno anterior para seguir haciendo aeropuertos sin aviones, y la vista gorda a las fechorías de sus amigos del alma, se encuentran que no hay un solo sector ni grupo político, ni sindicato que no se les grite a diario lo malos gobernantes que son y el desprecio que se les tiene.

Funcionarios de todo tipo, incluidos jueces y abogados, personal sanitario, trabajadores de todos los ramos, plataformas de apoyo a los desahuciados, pensionistas, y hasta niños de las escuelas okupan (con K) las calles una y otra vez para decir NO, comprobando cada vez que estamos ante un gobierno de sordos, ciegos, incompetentes y siervos de los señores banqueros y de los monseñores obispos, que son los únicos que no tienen queja alguna. Y es natural, los primeros nos roban legalmente, recuperan sus pérdidas con nuestro dinero, nos siguen desahuciando y se niegan a prestar a las empresas porque prefieren jugar al Monopoly, que es un juego de truhanes. ¿Y de los segundos, qué podemos decir, sino que mientras se llenan las calles de manifestantes ellos reciben alrededor de diez mil millones de euros con los que podrían evitarse casi todos los recortes en sanidad, pensiones, ayudas sociales y educación?

Es bueno recordar que los obispos siguen sin pagar impuestos por sus fincas, sus casas, sus palacios o sus ingresos monetarios. Y además tienen el monopolio de la enseñanza de la religión en las escuelas públicas por profesores que nombran y quitan los monseñores (tengan a o no una carrera de pedagogos) pero que pagamos los españoles, aunque seamos anticlericales. Nosotros podemos decir que los somos, en cambio ellos, la jerarquía católica, no puede decir que sea cristiana sin que les crezca la nariz. Pues ¿acaso Cristo callaría ante tanta falta de amor, tanta falta de generosidad, tanta insolidaridad, tanto silencio y tan poca compasión como muestran los monseñores? O se está con Cristo o en contra. Esta es la cuestión.
Pero apliquemos una vez más nuestra lupa al mapa general de los países empobrecidos artificialmente como el nuestro. Hagamos causa común.
Nos deslizamos en un tobogán vertiginoso sin que veamos más allá de unos cuantos metros delante de nosotros, los justos para saber que avanzamos hacia algo que ya no tiene vuelta atrás. Ya no tiene vuelta atrás el bajo nivel de empleo ni el fin de la abundancia en los países ricos, mientras se estanca el avance de los países emergentes y se empobrecen de un modo salvaje los ya pobres. Y ya pueden contarnos que la crisis se acabará en este año o en el otro. La crisis está bajo su control – la provocaron para que tuviera estos efectos- y es la forma de vida que han diseñado para nosotros, basada en el dominio, la explotación, el control, la división y la sumisión sin medida. Podemos preguntarnos si tenemos futuro, y podríamos responder que eso va a depender de nosotros, de nuestra decisión para cambiar el presente; de nuestra tenacidad y especialmente de que consigamos una masa crítica suficiente de gentes con la conciencia despierta. Todo esto es fundamental, imprescindible.

El problema para muchos que aún no han despertado a la realidad es el miedo y la incertidumbre, pero a la vez siguen atrapados creyendo que el Sistema tiene soluciones. Las tiene, pero no están dispuestos a aplicarlas ni banqueros ni ricos de los paraísos fiscales. Tampoco la Iglesia, porque forma parte del club de los ricos indiferentes al sufrimiento ajeno.
En esta situación muchas personas no consiguen lo que desean y envidian u odian a quienes realizan sus propios anhelos, como son los ricos y poderosos, pero a la vez les admiran, imitan en lo que pueden, y les votan. Son muchos aún los que miran a los manifestantes desde sus ventanas creyendo que no va con ellos. Por eso las cosas no mejoran fácilmente. Y hasta que despierta del todo, el que mira por la ventana o pasa por la acera ajeno a lo que gritan las pancartas sigue votando a amos tras amos, acudiendo a los templos de los fariseos y escuchando con admiración a los escribas, porque en el fondo quieren ser como ellos, poseer las cosas que ellos poseen, y recibir los reconocimientos y fama que se les tributan. Los ignorantes y miedosos viven en la creencia de que si les escuchan y les votan recibirán una parte del pastel de su paraíso, aunque sean migajas. Son ilusos conformistas y un lastre para los demás.

Sin embargo, las crecientes desigualdades hacen alejar objetivamente toda idea de ese mito capitalista del “café para todos”. Tengo la esperanza de un despertar colectivo cuando además del “café” falte el pan y los enfermos se mueran por falta de medicinas o por no poder pagar los hospitales. El despertar es inevitable y nos aguarda el futuro que queramos.

La economia del bien comun


LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN

  
 
 
En nuestra sociedad se está produciendo un empobrecimiento de la mayoría de la población como consecuencia de una acumulación, nunca vista, de recursos en muy pocas manos. El crecimiento sin fin; la competencia feroz; el odio al contrario; el individualismo egoísta, llevarán sin lugar a dudas a la destrucción del ser humano. El capitalismo feroz o neoliberalismo es tan nefasto como lo fue en su día el estalinismo. Si no cambiamos nuestras sociedades, acabaremos la mayoría de la población siendo esclavos de una minoría que tendrá en sus manos todos los recursos y bienes del planeta. 

Resulta alentador ver que existen personas que desarrollan alternativas más humanitarias y pensando en la mayoría de la población del sistema capitalista imperante hoy día. Ha surgido así, la economía del bien común, sistema económico alternativo al capitalismo, desarrolada en el libro del mismo nombre por el economista Christian Felber. 
 
A grandes rasgos, la economía del bien común se puede caracterizar por:
 
- todos sus actos se basan en las relaciones humanas: confianza, cooperación, aprecio, solidaridad, acción de compartir. Se cambia el balance financiero como medida principal, que sigue existiendo, por la contribución al bien común, denominándolo balance del bien común. Mide rendimientos sociales, ecológicos, democráticos y de justicia distributiva. Todo ello conformará el 
nuevo sentido de éxito empresarial; 
 
- las empresas con los mejores balances obtendrían incentivos y ventajas legales que les permitiría obtener mejores márgenes pudiendo ofrecer sus productos a mejor precio que los productos no éticos: tasas de impuestos reducidas, créditos con intereses reducidos, prioridad en la compra pública, programas de investigación, etc; 
 
- las desigualdades en las rentas y en la propiedad serían limitadas. De esta manera no se permitirían salarios de más de 20 veces el salario mínimo; la propiedad privada no podría exceder de 10 millones de euros. 
 
- en las empresas grandes, de más de 250 trabajadores, la propiedad estaría compartida con los empleados y ciudadanos formando lo que han denominado parlamentos económicos. Los gobiernos no podrían intervenir, ni tener propiedad en estas empresas; 
 
- existirían tres tipos de empresas: las pymes privadas, las grandes empresas de propiedad mixta y las denominadas bienes democráticas: escuelas, universidades, hospitales, abastecimiento de aguas, de energía, banca, etc. Tampoco los gobiernos podrían intervenir en estas empresas; 
 
- los mercados financieros, tal y como los conocemos hoy, deberían desaparecer; 
 
- todo ello, se complementaría con cambios en la representación política. Así, los defensores de la economía del bien común, abogan por complementar la democracia representativa con la democracia directa y participativa. De esta manera se propone que el pueblo soberano pueda corregir a sus representantes en el parlamento: iniciar y adoptar leyes; iniciar y adoptar cambios en la Constitución y controlar áreas claves de la economía como son los bienes democráticos. 
 
A mí, como empresario no me disgusta este nuevo sistema. Cosas con las que yo soñaba como: limitación de salarios máximos, eliminación de toda especulación, limitación del tamaño de las empresas, etc., ya estaban siendo elaboradas por autores y un ejemplo de todo ello, es esta economía del bien común. No sé si será practicable, pero sí sé que es una forma de que no nos comamos unos a los otros y nos destruyamos hasta la muerte. Empecemos a ponerlo en marcha y la mejor manera es que leamos y difundamos todo lo posible esta alternativa al sistema capitalista vigente. 
Seguramente, como dicen los autores, habrá que cambiar y corregir cosas, pero que no perdamos el norte: lo que queremos es el bien de la mayoría. Este sistema se adapta perfectamente a nuestro republicanismo de izquierdas, por lo que podríamos adoptarlo como sistema económico propio. 
 
Finalmente, decir que estos cambios han demostrado a lo largo de la historia, que no se producen pacíficamente, sino que transcurren a través de rupturas con los sistemas anteriores de manera dramática, violenta y sangrienta. Esperemos que los poderosos sean lo suficientemente inteligentes, para que el próximo cambio que está por llegar, permitan que se haga de manera pacífica y escalonada. De ellos depende, sin duda alguna.